dónde puedo comprar botas ugg originales el drama de los yemeníes varados en Panamá después de atravesar el Tapón del Darién

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“Esto es un campo de concentraci Hace varios d que estamos aqu no nos dejan salir y vivimos en las peores condiciones”.

El que habla es Mohamed Nasser Al Humaikani. Delgado, de hablar suave y mirada d alrededor de su cabeza orbitan decenas de moscas. las espanta con las manos, pero es un esfuerzo in Los insectos regresan, dan varios giros y finalmente se posan sobre su piel sudorosa.

Despu de que se rindi debido al agotamiento, fue conducido hasta la base militar de Metet unos 250 kil al este de Ciudad de Panam yemen varados son solo un s de una condici cr los tres a Panam ha recibido desde Colombia una oleada de migrantes originarios de pa tan diversos como Cuba, Hait Bangladesh o Somalia, todos decididos a aventurarse por la selva para llegar, muchos kil despu a Estados Unidos.

Mohamed trabajaba como m general en Yemen antes de tener que huir de la guerra.

El fin de los “pies secos”

El subcomisionado Jorge Gobea, coordinador de temas migratorios del Senafront, luce un poco joven para su condici de comandante. Es alto y su uniforme est limpio y prolijo como si acabara de salir de un desfile militar.

Detr de bajo una enorme carpa blanca con suelo de tierra, deambulan unos 42 migrantes.

Son los hu de este campamento que levantaron las autoridades paname para darles alimentaci alojamiento y primeros auxilios adem de registrar sus datos personales y que bautizaron, muy en el estilo rimbombante de la burocracia latinoamericana, Estaci Temporal de Auxilio Humanitario.

Aqu todos lo conocen como la “Etah”.

De acuerdo a Gobea, la mayor de los casos que recibieron en 2016, cuando marcaron la cifra r de 27.000, fueron ciudadanos cubanos que quer aprovechar las ventajas de la pol de “Pies secos, pies mojados”, que les permit recibir la residencia legal si lograban llegar a territorio estadounidense.

Muchos expertos coinciden en que el viraje que dio Barack Obama en las relaciones con Cuba, a finales de 2014, tuvo que ver con ese masivo.

“Muchos me dec que sospechaban que con la nueva actitud diplom de Obama, los privilegios ganados se les iban a acabar. Y se apresuraron a utilizar la ruta del Dari antes de que fuera tarde”, dice el di V Berr presidente de la filial paname de C que atendi personalmente a los migrantes en la capital.

Gobea se abstiene de comentar sobre el asunto, pero s nos dice que durante los momentos m complejos de la crisis a diario se encontraban entre 20 y 30 cubanos de a pie, algunos de los cuales hab sido abandonados por los coyotes que ellos mismos hab contratado para que los ayudaran a atravesar la selva sin problemas.

Ellos son los ocho ciudadanos yemen que estuvieron varios d retenidos en el Senafront de Metet no hay cubanos, desde que Obama derog la “Pies secos, pies mojados”, a fines de 2016.

Pero s africanos y asi Y expatriados yemen que huyen del feroz conflicto que destroza a su pa desde 2015 con m de 12.000 muertos, 1 mill de desplazados y una saga de hambruna y c y caen en cada patrullaje del Senafront

De acuerdo a la Direcci Nacional de Migraciones de Colombia, en 2016 s a dos ciudadanos yemen se les expidi un salvoconducto temporal en la ciudad de Turbo para salir del pa hacia Panam 2017 fueron ocho.

La guerra contra las moscas

La Etah de Metet est ubicada en los fondos del complejo militar.

Est rodeada por una valla met y dentro de la carpa hay tres hileras de literas cubiertas por colchones marchitos y sucios donde pasan los d los migrantes.

Aguardan por una respuesta mientras se esconden como pueden de un enemigo que ni siquiera tuvieron que sortear cuando estaban en la selva: las moscas.

Las golpean con toallas, pero son demasiadas. Algunos intentan in agarrarlas con golpes s de las manos para lanzarlas contra la pared y quiz ahogar as la frustraci de la espera.

Gobea se para frente a la audiencia que apenas le entiende y solicita a alguien que hable ingl Mohamed se levanta y se acerca. Camina tan lento como habla.

Todos son hombres, visten bluyines opacos, camisetas que parecen que fueron con las que llegaron el primer d y que han lavado una y otra vez, arrastraderas de goma cubiertas con colores vibrantes y moldeadas como r de autos de carreras.

Uno de ellos, dice Mohamed, est bastante enfermo.

“Tiene fiebre. Y aqu nadie nos presta un servicio de atenci adecuado de salud. Apenas algunas pastillas”, explica en murmullos, mientras deja al descubierto una protuberancia infectada que tiene su compa en el tobillo izquierdo.
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