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La revitalizaci del Centro Hist ha sido encabezado por personas que han invertido mucho dinero en el rescate de las casas semiabandonadas para vivir en ellas

Protesta de vecinos del Centro Histórico en busca de respuesta a sus quejas contra el escándalo que generan bares y cantinas que proliferan en la zona. Larga lucha

Vecinos del Centro Histórico luchan desde hace aos hasta el momento sin suerte por su derecho a vivir en paz, a descansar y dormir sin necesidad de ansiolíticos después de un día ajetreado, como se supone que es posible en Mérida, “una de las ciudades con mayor calidad de vida de todo el país”, como la venden sus autoridades.

Y son precisamente estas autoridades las que prefieren que el corazón de la ciudad se vea más como una excitante zona de diversión repleta de bulliciosos bares y cantinas hipsters, de “antros” con música abiertos hasta la madrugada , que como barrios habitados por familias que tienen nios, ancianos, personas enfermas, sostiene Olga, vecina del rumbo de Santiago e integrante del colectivo Todos somos Mérida, mientras apura una taza de café sin azúcar.

Son varios aos de tocar las puertas de alcaldes, secretarios de Salud, de la Comisión de Derechos Humanos, del Tribunal Administrativo, de la Seduma en busca de una solución. Son varias las reuniones sostenidas con funcionarios municipales. Todo en vano.

Como protesta contra esa pasividad oficial, el corazón de la ciudad amaneció hoy con mantas colgadas en las fachadas de más de 200 casas, en las que se denuncia el ruido de las cantinas y el silencio de las autoridades. “La protesta no es contra los bares, no es contra la juventud que quiere divertirse ni contra los trabajadores de esos sitios, que necesitan mantener a sus familias. Pero los vecinos queremos dormir, trabajar, queremos poder realizar nuestras actividades diarias en paz”, dice.

Fundamentalmente, la solicitud es que los sitios que toquen música, en vivo o grabada, no lo hagan en los patios, al aire libre, sino en espacios insonorizados, algo totalmente posible.

Tras recorrer el mundo, Cécile y su marido llegaron hace 10 aos con el deseo de vivir una jubilación tranquila. Escogieron Mérida porque desde su primera visita se enamoraron de la ciudad,
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de la quietud que se respiraba en sus calles. La calma duró poco, se esfumó como se está desvaneciendo su cario por la ciudad con la multiplicación de bares en el rumbo.

“Cuando vives con tanto escándalo a todas horas, terminas enloqueciendo”, comenta. Y como ella, son muchos los afectados por el ruido en esta parte de la ciudad el movimiento Todos somos Mérida reúne a más de 400 que se ven solos en la lucha contra la contaminación acústica, que se quejan de no recibir ayuda.

La revitalización del Centro Histórico en los últimos aos y su innegable atractivo han favorecido la apertura incontrolada de bares y “antros” pegados a las viviendas, provocando que el problema del ruido se agudice.

“La raíz de la pesadilla está en que los dueos de los establecimientos no respetan la ley, pero tampoco las autoridades, que nos han llegado a decir que el actual reglamento es obsoleto, que tenemos que esperar a que se redacte uno nuevo. Nuestra situación no mejora porque las autoridades nunca han tenido intención de cuidar a los vecinos. Su mayor interés es ‘incentivar la inversión’, permitir y alentar la apertura del mayor número de locales de ocio posible”.

La queja principal es contra el ruido, pero el problema es mucho más extenso y llega a tocar temas complejos como la seguridad. La policía no multa a los que salen de esos sitios pasadas las tres de la madrugada y que siguen tomando en la vía pública y escandalizando. No son raros los pleitos y todas las maanas aparecen las calles hechas un asco, llenas de vasos rojos, orines, vómitos y excremento humano.

Olga y Cécile alertan: se quiere crear un falso debate, presentando el problema como un enfrentamiento entre los extranjeros blancos, adinerados, ociosos , contra los yucatecos morenitos, trabajadores y falazmente se está acusando a los vecinos de egoístas, de no pensar en las bocas que alimentan esas fuentes de trabajo. “Pero este movimiento no es contra los bares ni es cuestión exclusiva de extranjeros, la mayoría de Todos somos Mérida es yucateca”.

La queja, insisten, es contra la pasividad de las autoridades, contra el volumen excesivo con que estos lugares convierten la música en un ruido infernal. “Y se equivocan las autoridades si piensan que esto cuestión de gustos. Hablamos de salud y de leyes. Tenemos derecho a vivir en esta parte de la ciudad sin que eso implique un sufrimiento”.

Es grave que, con absoluta, inexplicable impunidad, se violen los derechos constitucionales a la salud, al descanso, incluso a la intimidad personal de los que nos ha tocado vivir cerca de estos locales que pasan por encima de las leyes amparados en la pasividad de las autoridades,
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concluyen Olga y Cécile. Mario S. Durán Yabur