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Se conoc casi de toda la vida. El Julio cay a Treinta y Tres desde la capital cuando Mauro estaba en cuarto de escuela, y al poco rato estaban en la vereda jugando a la bolita o un picadito con los otros gurises de la cuadra, o cambiando figuritas cultivando esa amistad que los llev por el camino com de la vida.

A los pocos a eran como hermanos. Vino el tiempo del Liceo, los cumplea de 15, las matin de Cine Olimar, los bailes, las tardes de verano en el Yerbal, las novias, la Plaza de Deportes y el f (los dos jugaban en Olimar).

Se entend con la mirada, les gustaba mucho hacer bromas y aprendieron bien r historias de la academia literaria de los mostradores de Treinta y Tres. Eso no imped las gastadas mutuas; Julio hab inventado que una vez en el Parque Col jugando contra Vaca Azul (m club olimare donde lleg a jugar unos minutos un joven que a m tarde ser presidente de la Rep y c por algunas leyendas como la de la botella de ca brasilera en el vestuario), el t le dijo a Mauro al 9 por todas partes y en el entretiempo hab tenido que irlo a buscar al vestuario contrario. Mauro por su parte le recordaba la vez que estando Julio de arquero hizo una sensacional atajada, pero en la volada al se le hab ca el gorro para adentro del arco, y no tuvo mejor idea que cruzar la l con la pelota abajo del brazo para pon de nuevo, para algarab de los contrarios.

As fueron transcurriendo las p de la vida. Ninguno de los dos termin el Liceo porque pint laburar bien jovencitos y las prioridades fueron otras.

La masacre del 2002 los golpe distinto: mientras que Mauro conserv su trabajo (aunque le recortaron beneficios y horas extras), a Julio le toc quedarse desempleado por el cierre de la empresa donde trabajaba. Aguant como pudo un par de meses y una tarde apareci por el boliche del Walter con la novedad que lo hab llamado Miguel Taroco, que estaba en Barcelona trabajando de mec y ganando plata a paladas.

Ya estaba todo resuelto y no hubo lugar a opiniones. Puso cartel viaje, vendo todo Walter organiz una comida de despedida donde abundaron abrazos y emociones, deseos de mucha suerte y sobre todo de un pronto retorno.

Mauro consigui un auto prestado y los trajo hasta el Aeropuerto. El abrazo no fue de despedida sino de arriba que vos pod y a pesar del brillo s de la mirada a ambos bancaron el momento en silencio, porque las palabras estaban casi todas de sobra.

Y Julio se fue.

El lunes siguiente, unos minutos despu de las 6 de la tarde Mauro lleg al boliche como desde hac a y enseguida de saludarlo le dijo: las dos grapas, como si el Julio estuviera con nosotros Y el Walter que de mostradores ten postgrado aprobado, entendi el asunto bien clarito, trajo dos vasitos y con esa habilidad que solo tienen los bareros de mucha experiencia lo llen justo hasta el borde sin derramar una sola gota.

Se tom como quince esa vez, y dijo ya pr a la madrugada entre l ebrias: Yo Walter, voy a seguir viniendo todos los d a tomar mi copa. Con el transcurso de los d se fueron animando a intercambiar alg real de prosa, y de a poco se fue superando el duelo por el amigo ausente (y presente), y los temas de actualidad fueron aflorando, y la rutina se volvi rutina, y las dos copas se continuaron sirviendo sin mediar preguntas ni explicaciones.

Hab pasado seis, siete meses cuando a la hora indicada Mauro cruz la puerta, salud a los parroquianos y se acerc al mostrador donde Walter le pregunt de siempre?.

No, hoy serv una copa sola nom contest lo que el bolichero acat no sin antes repreguntar: y el habitual cliente asinti con la cabeza, serio, con la mirada perdida entre las botellas de los estantes.

Les puedo asegurar que en ese momento el aire se cortaba con un cuchillo por lo espeso, pero c son c y todo el mundo se banc en el molde hasta que Mauro se dijo ma y comenzaron las preguntas manifestadas en variadas interrogantes la duda generada en los parroquianos.

Y cada tarde volv por su ritual en solitario. De a poco el bolichero le fue buscando la vuelta, sacando temas de un lado y otro hasta que una tarde se arm de coraje y quiso sacarse la espina: saberse si le pas algo a su amigo.

me lo pregunta?.

Como porqu Ud. dijo que cada tarde iba a tomar dos copas, una por Ud. y la otra por su amigo, y hace d que toma una sola.

Los ojos se le iluminaron en una expresi confusa. Ocurre que un Rei (si, as con I latina) visitaba la ciudad.

Mientras miraba el informe de la televisi record aquella an que hoy ya forma parte la mitolog popular olimare y se me antoj que plasmarla en la web ser un sencillo y digno homenaje a sus protagonistas.

El Negro M Fleitas (para los El Maza) me cont (de segunda mano) lo fuerte que hab sido para el Color entrar al vestuario del Cosmos, mirar para el costado y ver aquellas figuras, particularmente tener la posibilidad de tener a Pel ah al lado, real, de verdad, en carne y hueso, no en un sue como alguna vez de gur se lo hab imaginado.

Por esa raz hab perpetuado uno de esos instantes en una foto: Color y Pel abrazados antes del comienzo de un partido, como para colgarla en el living y decirle a la gilada: sacate esa pulpita de los dientes.

Previsor de que los a de futbolista ser solo una etapa, que la gola se va y la fama es puro cuento, Correa hab encarado alg emprendimiento empresarial con vistas a su retiro.
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