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TRES NIÑOS Y CINCO ADULTOS FUERON ASESINADOS EN 2005 EN UN MUNICIPIO DE ANTIOQUIA QUE SE HABA DECLARADO COMUNIDAD DE PAZ. ESTE SUCESO EVIDENCI LA CRUDEZA DEL CONFLICTO ARMADO COLOMBIANO CONTRA LOS NIÑOS Y NIÑAS DEL PAS. PARAMILITARES Y MIEMBROS DEL EJRCITO HAN SIDO ACUSADOS DE SER LOS RESPONSABLES.

En el área donde limitan los departamentos de Córdoba y Antioquia en Colombia, se levanta la COMUNIDAD DE PAZ DE SAN JOS DE APARTAD, vecina del municipio de Tierralta, Córdoba. En 1997, esta comunidad se declaró neutral frente al conflicto armado colombiano y rechazó la presencia de cualquier actor armado, incluyendo el Ejército. La Corte Interamericana de Derechos Humanos exigió, en ese entonces, al Gobierno de Colombia, medidas eficaces para amparar tal decisión.

Sin embargo, alrededor de las nueve de la maana del 19 de febrero de 2005, 100 soldados del Ejército Nacional entraron a la vereda La Esperanza de San José de Apartadó, luciendo insignias y uniforme completo. Pasada la media tarde siete de estos militares llegaron hasta la vereda Las Nieves donde se apoderaron de una casa y robaron cien mil pesos y los machetes del campesino dueo. Ese mismo día, la comunidad denunció la presencia del paramilitar William Durango en la estación de policía, vistiendo uniforme de policía y armado. Al día siguiente se escucharon helicópteros sobrevolar el cielo de Las Nieves y varios pobladores declararon haber sufrido hostigamientos por parte de miembros del Ejército durante todo el día.

A las ocho de la maana del 21 de febrero de 2005, uno de los líderes más reconocidos de la Comunidad de Paz, Luis Eduardo Guerra, se dirigía hacia los cultivos de cacao de la Vereda Mulatos llevando a su hijo de 11 aos, Deiner Andrés Guerra y su novia Bellanira Areiza Guzmán, de 17 aos, en dos mulas. Un pariente, que los acompaaba les advirtió que había varios soldados ocultos entre el follaje. Luis Eduardo no sintió temor, por el contrario consideró que era una buena oportunidad para hablar con ellos y pedirles que despejaran la zona para dejar a los campesinos cultivar cacao. Pero en mitad del camino lo interceptaron, le exigieron que levantara las manos. El pariente, salió corriendo y a pocos pasos de su huida escuchó los gritos de Luis Eduardo, Deiner y Bellanira. Fueron ejecutados.

Pasado el mediodía, las noticias del detenimiento de Luis Eduardo y su familia, llegaron hasta la casa de Alfonso Bolívar Tuberquia, quien estaba almorzando con su esposa, Sandra Milena Muoz, sus dos hijos: Natalia Andrea, de cinco aos,
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Santiago de 18 meses de edad, y cuatro de los trabajadores que le ayudaban en el cultivo de cacao. Cuando consideraban la posibilidad de desplazarse, se vieron rodeados por tropas de paramilitares.

En el testimonio que el paramilitar Jorge Luis Salgado, rindió a la justicia aos después, declaró que: “Los nios estaban debajo de la cama. La nia era muy simpática, de unos 5 ó 6 aos y el peladito también era curiosito (.) Propusimos a los comandantes dejarlos en una casa vecina pero dijeron que eran una amenaza, que se volverían guerrilleros en el futuro (.) tomó a la nia del cabello y le pasó el machete por la garganta”.

ABUSOS AL RESTO DE LA COMUNIDAD

Pasadas las tres de la tarde, tropas del Batallón de Contraguerrilla No. 33 Cacique Lutaima, adscrito a la Brigada XVII del Ejército, retuvieron a seis familias en la vereda Mulatos, confinándolas a permanecer en ese lugar hasta el 26 de febrero. Allí mismo cavaron dos fosas comunes con las que amenazaron, constantemente, a los pobladores retenidos. Sólo hasta que miembros de la Comunidad de Paz subieron hasta la vereda a rescatar los cuerpos de la masacre, negociaron con los soldados y acompaaron a las familias a desplazarse hasta el casco urbano de San José.

Al día siguiente, 22 de febrero de 2005, varios helicópteros bombardearon las veredas Bellavista, Buenos Aires y Alto Bonito, de San José de Apartadó. Las balas alcanzaron a varios animales: una vaca, un toro y una mula se contaron entre las pérdidas para los campesinos. Cuando cesó el fuego, tropas de uniformados, compuestas por cerca de 100 hombres se tomaron algunas viviendas, amenazando a los habitantes, obligándolos a desnudarse. El último recurso que encontraron los pobladores para salvar sus vidas fue desplazarse. En los días posteriores, cuando regresaron, encontraron que los intrusos se habían robado todas las gallinas y matado a los marranos.

Los habitantes de las veredas hostigadas, aseguran que, entre las tropas, había tanto paramilitares como oficiales del Ejército, dado que unos usaban botas pantaneras y otros botas de cuero con insignias militares en sus uniformes. Hasta ahora, 84 miembros del Ejército han estado vinculados a las investigaciones.

El Centro de Memoria Histórica, resalta el esfuerzo y el empeo de la COMUNIDAD DE PAZ DE SAN JOS DE APARTAD y la acompaa en la conmemoración de los ocho aos de los hechos narrados en este artículo.

Invitamos a nuestros usuarios a ver el documental realizado por el equipo de comunicaciones de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó,
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Esto no pudo haber pasado.